12 de enero de 2009

Mi corazón y mi amor, con el pueblo palestino





Una mañana luminosa del diciembre pasado me dediqué al noble PASATIEMPO de jugar con mi cámara, mi imaginación , mi nuevo libro de letras de BOB DYLAN, un servilletero en forma de corazón de hojalata y el lujo de unas sombras hechas a la medida de la provocación.







En toda esta IMPRESIONANTE aventura ( PERSONALÍSIMA ) de amor por el libro, la POESÍA, el arte, la pasión y la vida, los ecos de un despropósito BRUTAL - otro más - , me acompañan... y aún HOY me persiguen...

¿POR QUÉ SE PERMITE?






Dolor, pena, asco, rabia, tristeza, desolación...








MI CORAZÓN Y MI AMOR

CON EL PUEBLO PALESTINO.


1 de enero de 2009

POR QUÉ SE PERMITE ???




Ayer aterricé en Madrid, venía de Cisjordania, en un viaje organizado por la Plataforma de Mujeres Artistas. Siento mi corazón como si una mano lo estrujara y mi cabeza es un torbellino de emociones y de rabia que apenas puedo contener. Gaza está siendo masacrada, de forma indiscriminada. Siento impotencia y dolor al ver cómo se distorsiona la realidad. Decir que el detonante han sido los cohetes lanzados por Hamás es una hipocresía más de la imagen que se da del conflicto.

Gaza lleva muchos años siendo un campo de concentración asediado por tierra, mar y aire, por Israel. Y los ataques de Hamás un grito de desesperación ante tanta humillación y tanto doble rasero por parte de la Comunidad Internacional.
Hubo unas elecciones democráticas y libres que ganó Hamás por goleada. Pero parece ser que los resultados electorales sólo se aceptan si el que las gana es de nuestro agrado. ¿Esta es la democracia que Occidente quiere exportar? ¿Por qué se habla de Hamás como un grupo terrorista? ¿Acaso no nos gusta por ser musulmán?


Israel es un Estado confesional, y está invadiendo territorios que no son suyos, está violando, sistemáticamente, los Derechos Humanos; está comportándose como un Estado terrorista, ¿por qué tenemos acuerdos preferenciales con él? ¿Por qué le permitimos a Israel la ocupación?

Este año se celebra el 60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. ¡Cuánta hipocresía! Cada año se recuerda el horror del Holocausto judío cometido por los nazis durante la Segunda Guerra mundial, pero no hacemos nada por el genocidio que Israel está cometiendo con el pueblo palestino. ¿Cuántos años más vamos a esperar para denunciarlo y llorarlo? ¿Por qué las Naciones Unidas no manda fuerzas de interposición para acabar con esa situación? ¿Por qué se les paró los pies a los serbios y no se hace lo mismo con Israel?

Israel firma acuerdos que no cumple, no acata las resoluciones de la ONU, y sigue con la ocupación. En estos días los medios de comunicación hablan de Gaza, pero diariamente se está deteniendo, hiriendo y matando por toda Cisjordania.
Estamos sembrando odio, y siento vergüenza como ciudadana del mundo por lo que estamos permitiendo. Las mujeres y hombres palestinos nos agradecían que fuéramos a visitarlos y conociéramos su realidad para que la denunciáramos. También hablamos con asociaciones de mujeres israelíes que nos pedían ayuda para que desenmascaremos a su Gobierno porque desean construir un país decente, acabar con la ocupación y convivir junto a sus vecinos palestinos.


Quiero acabar poniendo un poco de belleza en esta reflexión, con un poema del poeta palestino fallecido hace unos meses Mahmud Darwix:
"Al asesino: si hubieras visto el rostro de la víctima te lo habrías pensado, te habrías acordado de tu madre en la cámara de gas, te habrías liberado de la razón del fusil y habrías cambiado de idea: ¡así se recobra la identidad!".

MERCEDES LEZCANO






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Sólo tengo tres deseos para el próximo año. El primero de ellos es que el Gobierno israelí se dé cuenta de una vez por todas de que el conflicto en Oriente Próximo no puede ser resuelto por la vía militar. El segundo es para que Hamás tenga presente que sus intereses no se imponen con la violencia, y que Israel está aquí para quedarse.El tercero es para que el mundo reconozca que este conflicto no tiene parangón en la Historia. Es complejo y delicado; es un conflicto humano entre dos personas profundamente convencidas de su derecho a vivir en el mismo y minúsculo pedazo de tierra. Es por esto que ninguna diplomacia o acción militar puede resolver este conflicto. Los hechos de los días pasados me preocupan en exceso por muchos motivos humanos y políticos. Es evidente que Israel tiene el derecho a defenderse, que no puede y no debe tolerar los continuos ataques con misil en contra de sus ciudadanos, pero el incesante y brutal bombardeo del Ejército israelí en Gaza me ha despertado algunas interrogantes.La primera pregunta es ¿tiene derecho el Gobierno israelí a culpar a todos los palestinos por las acciones de Hamás? ¿Debe ser culpable toda la población de Gaza por los pecados de un grupo terrorista? Nosotros los judíos, debemos saber y sentir más agudamente que otras poblaciones lo inaceptable e inhumano del asesinato de civiles inocentes. El Ejército israelí ha argumentado pobremente que la franja de Gaza está tan superpoblada que es imposible evitar la muerte de civiles durante los ataques. La debilidad del argumento me lleva a formular nuevas preguntas: ¿Si la muerte de civiles es inevitable, cuál es el propósito del bombardeo? ¿Cuál es -si la hay- la lógica de la violencia y qué espera lograr Israel a través de ella? Si el objetivo de la ofensiva es destruir a Hamás, la pregunta más importante es si esto es una meta alcanzable. Si no, los bombardeos no son sólo crueles, bárbaros y reprensibles, sino también absurdos. Si, por otro lado, es realmente posible destruir a Hamás con operaciones militares, ¿cómo imagina Israel la reacción en Gaza después de ello? Un millón y medio de residentes de la Franja no se arrodillarán reverencialmente ante el poderío del Ejército israelí. No debemos olvidar que antes de que los palestinos eligieran a Hamás, Israel los apoyaba en una táctica para debilitar a Arafat. La historia reciente de Israel me lleva a creer que si Hamás es bombardeado hasta su desaparición, otro grupo ocupará su sitio, una formación más radical, más violenta y más llena de odio hacia Israel.
Israel no puede permitirse una derrota militar por miedo a desaparecer del mapa, pero la Historia ha probado que toda victoria militar ha debilitado políticamente a Israel por la aparición de grupos radicales. No subestimo la dificultad de las decisiones que debe de tomar el Gobierno israelí a diario, ni subestimo la importancia de la seguridad de Israel. No obstante, me aferro a mi convicción de que el único plan viable para la seguridad de Israel es ganarse la aceptación de todos sus vecinos. Deseo que en 2009 regrese la inteligencia siempre atribuida a los judíos. Deseo el regreso de la sabiduría del rey Salomón para que aquellos que toman decisiones en Israel la usen para entender que los palestinos e israelíes tienen los mismos derechos humanos.
La violencia palestina atormenta a Israel y no sirve a la causa; la venganza militar de Israel es inhumana, inmoral y no garantiza la seguridad. Como he dicho anteriormente, los destinos de dos personas cuyos destinos están relacionados inextricablemente, lo que les obliga a vivir lado a lado. Son ellos los que deciden si quieren hacer de esto una bendición o una maldición.


DANIEL BARENBOIM
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Decía Kant que un Gobierno "no debe permitir en una guerra las hostilidades que, por su naturaleza, hagan imposible la confianza recíproca cuando se presente la cuestión de la paz". Desde luego, el Gobierno israelí no ha tenido en cuenta este sabio consejo del filósofo al ordenar los ataques contra Gaza de estos últimos días. Y sin embargo, la paz entre árabes e israelíes sigue estando aparentemente en la agenda de la política internacional, aunque llevamos tanto tiempo sin que se aprecie avance sustancial alguno que casi nadie, probablemente ni los propios contendientes, la toman en serio.
Cualquiera que conozca mínimamente lo que es la franja de Gaza -uno de los territorios más hacinados e insalubres del mundo, cerrado y con la más alta concentración de habitantes por kilómetro cuadrado- sabe que es imposible un bombardeo selectivo sobre esta zona que no cause gran número de bajas civiles. Responder al terror de Hamás con una acción de terror masivo no aporta nada ni a la solución del conflicto ni al honor de Israel. Al contrario, alimenta el odio, que es el mejor cultivo para que Hamás siga creciendo. Acorralar a los palestinos de Gaza como si fueran ratas no sólo no resuelve el problema, sino que acrecienta las fantasías del mundo árabe sobre las reales intenciones de Israel -echar a los palestinos al mar- y degrada la imagen de los gobernantes judíos. Y todo ello en un contexto electoral que hace pensar que el ataque de estos días es una pieza más en las estrategias de búsqueda del voto de la ciudadanía, en una campaña muy escorada a la derecha y al militarismo. Es difícil encontrar un punto de vista desde el que se pueda defender racionalmente que este ataque es algo más que una atrocidad, que un acto de atemorización masiva de una población que ya hace tiempo que lo tiene todo perdido, que un abuso de poder que sólo refuerza el cliché sobre los verdugos y las víctimas.
Cada vez que el Gobierno israelí lanza una acción de este tipo siento una tristeza profunda. Tengo un prejuicio favorable al pueblo judío. Siempre me ha fascinado esta peculiar condición de un pueblo que ha mantenido a través de los siglos una conciencia nacional sin disponer de una tierra propia, de una patria real. Esta vida errática les dio una condición cosmopolita que probablemente ningún otro pueblo ha alcanzando todavía. Si la palabra sagrado tiene algún significado para mí, lo encuentro en la memoria de los judíos exterminados, a los que el antisemitismo no ha dejado de perseguir nunca. Y me irrito profundamente cuando oigo disparates como el de aquel irresponsable escritor que comparó las actuaciones israelíes contra los palestinos con el genocidio nazi.
Pero las políticas de los gobernantes israelíes y las mayorías que los eligen son demasiado a menudo imposibles de asumir. Porque la nación judía lleva encima un terrible lastre: la conciencia de pueblo escogido, que justifica la terrible creencia, denunciada como racismo por John Berger, de que "la muerte de una víctima israelí justifica el asesinato de 100 palestinos". Hay una maquinaria de humillación sistemática y permanente del pueblo palestino que se hace visible a través de un verdadero paisaje de la humillación, que tiene su figura culminante en el muro de la vergüenza que encierra los territorios ocupados en un verdadero laberinto, en que muchos pueblos quedan completamente aislados. Pero antes se habían construido los asentamientos de colonos -muchos de ellos vacíos, porque el negocio de la ocupación también existe- que coronan las colinas en cuyos valles están los pueblos palestinos. Y las autopistas para judíos y extranjeros vedadas a los palestinos, con muros pantalla que protegen de sus miradas a los que circulan por ellas. Y una bandera, una casa o un asentamiento en cada lugar donde brota un manantial de agua. Y los controles permanentes. Y los cierres de ciudades. Y esta forma terrible de represión que consiste en destruir la casa familiar del palestino que comete un crimen terrorista, como si el mal palestino fuera genético. A veces pienso que el gran error del pueblo judío fue crear el Estado de Israel. Allí perdió quizá buena parte de su grandeza. Ganó poder territorial y patria física, pero a precio muy alto para todos. También para ellos.
En la emoción del genocidio nazi era muy difícil decir no al Estado de Israel. Sólo el general de Gaulle tuvo el coraje de advertir, aunque fuera tímidamente, del enorme riesgo que comportaría. Pero esto es pasado. Hoy es imperioso encontrar una fórmula que permita que israelíes y palestinos convivan en este territorio sobrecargado de espacios de referencia en las economías de lo sagrado. El éxodo masivo desde Rusia ha roto buena parte de los equilibrios ideológicos internos radicalizando el país, al tiempo que, como ha explicado Misha Glenny, ha introducido un nuevo problema: la presencia de las mafias. Mientras, el lado palestino se hunde en una verdadera guerra civil, que en tanto no se resuelva hace más difícil todavía la solución del conflicto. Abandonado hace décadas el ideal democrático de la convivencia en un solo Estado, se ha impuesto como única solución aparentemente posible la separación étnica en dos Estados. Pero ésta no llega. En un conflicto de derechos entre dos pueblos, que ambas partes consideran absolutos, sólo la razón y el pragmatismo pueden abrir caminos de entendimiento. Pero éstos están cada día más ausentes de una guerra cargada de venenos religiosos.
Convertido en conflicto crucial de la política internacional, lleva una sobrecarga enorme que no ayuda a resolverlo. Las perspectivas vuelven a ser negativas por todos lados: el Gobierno israelí se radicalizará más todavía con las elecciones; los moderados palestinos son impotentes ante Hamás, que se mueve como nadie en medio del torbellino de la violencia, y Gaza se acerca, día a día, al infierno. Por supuesto, el Estado de Israel tiene derecho a defenderse de los ataques terroristas de Hamás, pero la arrogancia militarista lleva a una desproporción inhumana que deshonra la memoria de sus propias víctimas.





JOSEP RAMONEDA

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No tengo palabras para tanta barbarie...


Sólo puedo....
.... llorar en mi intimidad y
EXPRESAR MI SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO PALESTINO...